Los textos compartidos sobre el Capitulo III del libro La Voz del Conocimiento hablan sobre -LA MENTIRA DE NUESTRA IMPERFECCIÓN- . Miguel Ruíz desenreda uno de los velos ilusorios en los cuales nuestra integridad muchas veces se encuentra tapada por palabras del pasado. Desde su infancia, un breve repaso de su despertar.

 

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Nacemos en la verdad, pero crecemos creyendo en mentiras. Aquí reside todo el drama de la humanidad, todo el problema con los cuentistas. Una de las grandes mentiras en la historia de la humanidad es la mentira de nuestra imperfección. Esa mentira tuvo un gran efecto en mi propia vida, y aunque les digo a otras personas que no hagan suposiciones, debo suponer que, de un modo u otro, esto nos pasa a todos nosotros. Por supuesto que hay diferencias en los cuentos, pero creo que el patrón es más o menos el mismo para todos.

Recuerdos de mi Infancia: Me acuerdo de cuando era niño. Recuerdo que era muy Libre. Era maravilloso ser un niño. Recuerdo que aprendí a andar antes de aprender a hablar. Era como una pequeña esponja que intentaba aprenderlo todo. También recuerdo como era antes de aprender a hablar.

Cuando era un niño pequeño, era completamente auténtico, Nunca fingí ser lo que no era. Mi tendencia era la de jugar, la de explorar, la de ser feliz. Mis emociones lo gobernaban todo. Sólo quería hacer lo que me gustaba hacer e intentaba evitar lo que no me gustaba. Toda mi atención se concentraba en lo que sentía, y era capaz de percibir las emociones que provenían de otras personas. Si queramos podemos denominarlo instinto, pero era un tipo de percepción. Corría hacia algunas personas porque confiaba en ellas. No me acercaba a otras porque me sentía incómodo. Tenía muchas emociones que no podía explicar porque no contaba con las palabras, claro.

Recuerdo que cuando me despertaba y veía la cara de mi madre, me sentía inundado por el deseo de asiria. No sabía que esa emoción se llamaba amor. Amar era algo completamente natural. Sentía lo mismo por mis juguetes. Y también por el gato y por el perro. Recuerdo cuando veía a mi padre volviendo del trabajo y cómo corría hacia él y saltaba encima de él con mucha alegría y con una enorme y preciosa sonrisa. Completamente auténtico. Podía estar desnudo sin importarme lo que la gente pensara. Era yo mismo, fuese lo que fuese, porque no tenía conocimiento. No tenía un programa en mi cabeza. No sabía lo que yo era, y no me importaba saberlo. Igual que un perro no sabe que es un perro, pero sin embargo actúa y ladra como un perro. Bien, yo era así. Vivía mi vida a través de mi integridad. Esa era mi verdadera naturaleza antes de aprender a hablar.

Continué explorando los recuerdos de mi infancia y descubrí que hay algo que nos ocurre a todos nosotros. ¿Qué ocurre? Bueno, el conocimiento es lo que ocurre. Recuerdo cuanto empezaba a aprender palabras. Aprendo los nombres de todos los objetos que percibo. Aprendo un lenguaje, lo que es fantástico. Ahora puedo utilizar palabras para pedir lo que quiera. Meses más tarde, o quizás años más tarde, mi mente es suficientemente madura para los conceptos abstractos. Con esos conceptos sucede algo increíble. Empiezo a crear historias calificándolo todo: lo que está bien o lo que está mal, lo que debería o no debería ser, lo que es bueno y lo que es malo, bello o feo. Aprendo de mis padres, más que de lo que dicen, de lo que hacen. Aprendo no sólo lo que me dicen a mí, sino lo que dicen sobre otras personas. Aprendo a relacionarme. Copio todo lo que veo. Veo a mi padre muy poderoso con sus firmes opiniones y quiero ser como él. Apenas puedo esperar para crecer y tener una opinión propia.

Cuando finalmente comprendo el lenguaje, casi todas las personas empiezan a decirme lo que soy. Aprendo sobre mi mismo escuchando las opiniones de los cuentistas que están a mi alrededor. Mi madre crea uno historia sobre mí que se basa en lo que ella cree que soy. Me dice lo que soy y yo le creo. Después, mi padre me dice lo que soy, y es algo completamente diferente, pero también estoy de acuerdo con él. Por supuesto, cada uno de mis hermanos y hermanas tienen una opinión de mí, y estoy de acuerdo con ellos. Sin lugar a dudas saben más que yo, aun cuando soy yo el que vive en este cuerpo físico. Nada de esto tiene sentido, pero me estoy divirtiendo.

Después voy a la escuela, y la maestra me dice lo que soy, lo que continúa estando bien hasta que me dice lo que debería ser, pero no soy. Estoy de acuerdo, y en ese momento empieza el problema. Oigo a la maestra decir: «Niños, necesitan trabajar duro para convertirse en alguien, para triunfar en la vida. El mundo está dividido en ganadores y perdedores, y están aquí para prepararse a fin de convertirse en ganadores. Si trabajan duro, quizá podrán llegar a ser abogados, médicos, ingenieros>>.Mi maestra me explica historias sobre todos los antiguos presidentes y lo que hacían cuando eran niños. Por supuesto, todos los héroes son ganadores. Soy un niño; soy inocente. Aprendo el concepto de ganador. Estoy de acuerdo en que debería convertirme en un ganador, y ya está ese acuerdo se almacena en mi memoria.

En casa oigo decir a mis padres "Miguel, tienes que comportarte de este modo para ser un niño bueno", lo que significa que, si no me comporto de ese modo, no soy un niño bueno. No me dicen esto, pero esto es lo que yo entiendo. Para ser un niño bueno tienes que hacer esto, eso y aquello. Entonces obtendrás una recompensa. Y si no te comportas así, recibirás un castigo.

¡Vaya! Soy demasiado pequeño y ellos son tan grandes. Intento rebelarme y fracaso. Ellos ganan. Empiezo a fingir que soy lo que no soy a fin de evitar el castigo, pero también para obtener la recompensa. Tengo que ser lo que me dicen que sea porque los premios sólo los reciben los niños buenos. Recuerdo haber hecho un esfuerzo enorme para convertirme en lo que ellos querían que fuera, sólo para obtener el premio de su atención, solo para oírles decir:
«Miguel, eres un niño tan bueno».

Lo que no advierto tras todos los mensajes que, escucho son los mensajes silenciosos que no son nunca expresados, pero que puedo entender: No soy como debería ser, no está bien ser como soy. Si el mensaje es: "Miguel tienes que trabajar duro para convertirte en alguien" eso significa que, ahora mismo. No soy nadie. En la mente de un niño el mensaje silencioso que comprendo es que no soy lo bastante bueno. Y no sólo eso; nunca seré lo bastante bueno porque no soy perfecto. Estoy acuerdo, y en ese momento, igual que nos ocurre a la mayoría de nosotros, empiezo a buscar la perfección

Así es como la imagen de la perfección se introduce en mi mente, Así es como dejo ele ser yo mismo y empiezo a fingir que soy lo que no soy. La primera mentira tiene lugar en mi primer año de escuela, casi al empezar. Sentarme en aquella clase y conocer a mi primera maestra me impresionó profundamente. La maestra es una adulta. Cualquier cosa que diga debe de ser la verdad, del mismo modo que cualquier cosa que diga mi padre o mi madre debe de ser la verdad. Es una maestra fantástica que realmente se preocupa por los niños, y aun cuando el mensaje que recibo es mayoritariamente positivo, la consecuencia es un poco diferente. Tras ese mensaje hay algo muy sutil. Lo denomino la mentira de mi imperfección. Es la principal mentira que acepto creer sobre mí mismo, y a raíz de esa mentira se irán inventando otras más a fin de sostenerla.

Ese es el momento de mi caída, cuando empiezo a salir del cielo, cuando mi fe en la mentira hace que su magia empiece a trabajar. Igual que un milagro, empieza a hacer efecto a mi alrededor: tengo que trabajar duro a fin de ser lo bastante bueno pata mi madre, a fin de ser lo bastante bueno para mi padre, a fin de ser lo bastante bueno para mis hermanos y hermanas mayores, a fin de ser lo bastante bueno para mis profesores. Esto es agobiante, pero todavía no se ha acabado. Enciendo la televisión y también me explica cómo debería ser mi aspecto físico, cómo debería vestirme, cómo debería ser, pero no soy. La televisión me ofrece más imágenes de héroes y villanos. Veo a gente que trabaja duro para ser ganadora. Veo que se esfuerza para alcanzar la perfección y convertirse en alguien importante, queriendo ser lo que no es.

El verdadero drama empieza cuando soy un adolescente porque, ahora, no se trata sólo de que no soy le bastante bueno para otras personas; ya no soy bueno para mí mismo. El resultado es el autorrechazo. Intente demostrarme mi valor esforzándome mucho para obtener sobresalientes en la escuela. Trabajo muy duro para ser el mejor en deportes, el mejor jugador de ajedrez, el mejor en todo. Al principio hago esto para intentar impresionar a mi padre y a mis hermanos mayores; después, lo hago para impresionarme a mí mismo. A estas alturas, ya no soy auténtico. He perdido mi integridad, mi autenticidad, porque ya no tomo decisiones basándome en lo que es bueno para mí. Es más importante satisfacer los puntos de vista de otras personas.

Al acabar la escuela elemental y pasar al siguiente nivel, me dicen. "ya no eres un niño, no puedes actuar como un niño. Ahora tienes que comportarte de este modo". Una vez tras otra, intento complacer a las demás personas fingiendo ser lo que quieren que sea. Empiezo a buscar las opiniones de todos. ¿Qué aspecto tengo? ¿Qué piensas de mí? ¿He hecho un buen trabajo? Estoy buscando apoyo, que alguien me diga "Miguel, eres muy bueno". Y si estoy con alguien que me dice lo bueno que soy, esa persona puede manipular mi vida con mucha facilidad porque yo necesito ese reconocimiento. Necesito que alguien me diga que soy inteligente, que soy maravilloso, que soy un ganador.

No puedo soportar estar solo conmigo mismo. Cuando estoy solo me veo como un perdedor, y mi propio juicio es fuerte. Puesto que según mi historia no soy como deberla ser, me juzgo y me declaro culpable. Entonces empiezo a utilizar todo lo que me rodea como un instrumento para castigarme a mí mismo. Tengo la tendencia a compararme con otras personas. «Oh, ellas son mejores que yo. Bueno, ellas son peores». Eso me hace sentir un poco mejor, pero entonces me veo en el espejo ¡Caray! No me gusta lo que veo. Me rechazo a mí mismo, claro que no me amo, pero finjo hacerlo. Con la práctica suficiente, incluso empiezo a creerme lo que finjo.

Más adelante, cuando realmente intento demostrar mi valor ante la sociedad, me convierto en doctor en medicina. ¿Acaso hacerme doctor en medicina me convierte finalmente en un ganador? No, oh no. Hay cardiólogos, neurólogos, cirujanos. Entonces me convierto en cirujano, pero, según mi historia, sigo sin ser lo bastante bueno. Tengo una imagen de mi mismo, y cuando estoy solo, me la creo y también proyecto otras imágenes hacia otra gente, según sea lo que quiero que piensen de mí. Estoy intentando proyectar mis imágenes tengo que defender esas imágenes. ¡Tengo que volverme muy inteligente sólo para tapar todas las mentiras!

Sigo con la simulación de que soy todas esas imágenes, y tras años y más años de práctica, me convierto en un gran actor. Si tengo el corazón roto, me digo: «No me duele. No me importa», Estoy mintiendo. Estoy fingiendo. Casi podría ganar un Oscar de la Academia por mi actuación. ¡Qué personaje, qué drama! Podría decir que el drama de mi vida empieza cuando acepto que no soy lo bastante bueno; cuando escucho a mis profesores, a mi familia y a la televisión decirme «Miguel, tienes que ser de esta manera, pero no lo soy.

Busco apreciación, aceptación, amor: sin saber que solo se trata de un cuento. Busco la perfección, y me parece muy interesante de qué modo <<no ser perfecto>> se convierte en la mayor excusa que la gente utiliza pata justificar sus acciones. Cada vez que comete un error y necesita defender su imagen, la oigo decir:
«Bueno, solo soy humano; no soy perfecto. Solo Dios es perfecto». Esto también se convierte en la mayor excusa para cada error que yo mismo cometo. «Oh, bueno, nadie es perfecto». ¡Qué gran justificación! Voy a la iglesia y me enseñan imágenes de santos <<Esto es la perfección>>. Pero en los rostros de los santos veo sufrimiento y dolor. ¡Ooh!

¿Necesito ser como ellos para ser perfecto? Sí, estoy aquí paca sufrir, y sufro con paciencia quizá cuando muera pueda recibir mi premio en el cielo. ¡Quizás entonces seré perfecto! Solía creer eso porque lo oía con mucha frecuencia. Pero sólo es un cuento. Tenía muchas supersticiones sobre mí mismo y sobre todas las cosas en mi cabeza. Mentiras que provienen de hace miles de años todavía afectan al modo en el que creamos nuestra propia historia. Lo que me dijeron de niño fue: <<Sólo Dios perfecto. Toda la creación de Dios es perfecta salvo los seres humanos>>. A la vez, me dijeron que Dios había situado a los seres humanos en la cumbre de la creación. Pero ¿cómo pueden ser los seres humanos la cumbre de la creación cuando todo es perfecto salvo los seres humanos? No tenía sentido para mí. Después de crecer, pensé en esa contradicción. Esto no es posible. Si Dios es perfecto, bueno, Dios es el creador de todas las cosas. Si realmente creo en la perfección de la creación de Dios, entonces creo que todos nosotros somos perfectos, o entonces es que Dios tampoco es perfecto.

Amo y respeto toda la creación de Dios. ¿Cómo puedo decir: «Dios, has creado a miles de millones personas, y no son perfectas»? A mi modo de ver, del que no soy perfecto o que tú no lo eres es el mayor insulto a Dios. Si no vemos la perfección es porque centramos nuestra atención en una mentira, en la imagen de la perfección que nunca podemos ser. ¿Y cuántos de nosotros abandonamos el deseo de ser la imagen de la perfección, pero al renunciar a ella no nos convertimos en guerreros? Sencillamente aceptamos que somos un fracaso, que nunca lo conseguirnos, y le echamos la culpa a todo lo que está fuera de nosotros. 'No lo conseguí porque nadie me ayudó: por esto, por aquello o por lo demás allá.' Existen cientos de excusas, pero ahora la autocrítica es aún peor que antes. Cuando todavía intentamos ser perfectos, el juicio está ahí, pero no es tan malo como cuando abandonamos. Entonces, intentamos disimular nuestra frustración diciendo 'Estoy bien; éste es el tipo de vida que quiero', pero sabemos que hemos fracasado, y es imposible ocultarnos a nosotros mismos lo que creemos.

Por supuesto, cada vez que intentamos ser lo que no somos, fracasamos. Es tan difícil ser lo que no somos, fingir que somos lo que no somos. Yo solía fingir que era muy feliz. Muy fuerte y muy importante. ¡Caramba! Vivir de esa manera es vivir en un verdadero y profundo infierno. Es un engaño, una situación en la que no es posible ganar. Nunca puedes ser lo que no eres, y ésa es la cuestión principal. Sólo puedes ser tú, y ya está. Eres tú ahora mismo, y no tienes que hacer ningún esfuerzo para serlo.

No hay necesidad de justificar lo que somos. No hay necesidad de trabajar duro para convertirnos en lo que no somos. Solo necesitamos volver a nuestra integridad, a ser como éramos antes de aprender a hablar. Perfectos. Cuando éramos niños pequeños éramos auténticos. Cuando estamos hambrientos, solo queremos comer. Cuando estamos cansados, solo queremos descansar. Únicamente el momento presente es real para nosotros; no nos importa el pasado, y no estamos preocupados por el futuro. Disfrutamos de la vida, queremos explorar y divertirnos. Nadie nos enseña a ser así; nacemos así.

Nacemos en la verdad, pero crecemos creyendo en mentiras. Aquí reside todo el drama de la humanidad, todo el problema con los cuentistas. Una de las grandes mentiras en la historia de la humanidad es la mentira de nuestra imperfección. Esa mentira tuvo un gran efecto en mi propia vida, y aunque les digo a otras personas que no hagan suposiciones, debo suponer que, de un modo u otro, esto nos pasa a todos nosotros. Por supuesto que hay diferencias en los cuentos, pero creo que el patrón es más o menos el mismo para todos. Casi nadie puede escapar del engaño.

Yo era un niño pequeño perfecto. Era inocente, y me comí la mentira de que no soy lo que debería ser. Creí que tendría que esforzarme mucho para convertirme en lo que debería ser. De este modo aprendí a crear mi propio cuento, y como puse mi fe en ese cuento, este se convirtió en verdad para mí. Y el cuento, aun cuando esté lleno de mentiras, es perfecto. Es maravilloso y bello. El cuento no es correcto o incorrecto, no es bueno o malo: no es más que un cuento, eso es todo. Pero al darnos cuenta podemos cambiar el cuento. Paso a paso podemos volver a la verdad.

PUNTOS PARA REFLEXIONAR

· Cuando somos niños pequeños, somos completamente auténticos. Nunca fingimos ser lo que no somos. Nuestra tendencia natural es jugar y explorar, vivir en el momento, disfrutar de la vida. Nadie nos enseña a ser de este modo; nacemos así. Esa es nuestra verdadera naturaleza antes de que aprendamos a hablar.

· Cuando la mente humana es lo bastante madura para los conceptos abstractos, aprendemos a calificarlo todo: correcto o incorrecto, bueno o malo, bonito o feo. Creamos un cuento sobre lo que deberíamos ser, depositamos nuestra fe en el cuento, y este se convierte en la verdad para nosotros

· Detrás de todos los mensajes que escuchamos de niños, están los que son silenciosos y que nunca son pronunciados pero que comprendemos: no está bien ser yo, no soy lo bastante bueno. Tan pronto como estamos de acuerdo, dejamos de ser nosotros mismos y empezamos a fingir que somos lo que no somos, sólo a fin de complacer a otras personas para ajustarnos a una imagen que crean para nosotros según su cuento.

· Nunca puedes ser lo que no eres. Sólo puedes ser tú, Y ya está. Y eres tú en este momento, y no tienes que hacer el menor esfuerzo para serlo.

· Los seres humanos nacernos en la verdad, pero crecernos creyendo en mentiras. Una de las mentiras más grandes en historia de la humanidad es la de nuestra imperfección. No más que un cuento, pero lo creemos y lo utilizarnos para juzgarnos, castigarnos y justificar nuestros errores

· Todo es perfecto en la creación de Dios. Si no vemos nuestra propia perfección es porque centramos nuestra atención en nuestro cuento. Las mentiras de nuestro cuento nos impiden ver la verdad, pero cuando nos damos cuenta cambiamos el cuento y volvamos a la verdad.

 

 

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